
Antes de emprender el camino: crecer con enfermedad renal
La familia de Peio siempre ha estado muy unida. Cuando el pequeño de la casa enfermó, todos hicieron lo posible para que tuviera una infancia lo más normal posible, a pesar de las visitas al hospital, los análisis de sangre y las restricciones alimentarias.
Su primer recuerdo no está relacionado con la enfermedad, sino con intentar seguir el ritmo de sus amigos. "Por aquel entonces, todo giraba en torno al fútbol y todos queríamos ser los mejores. Pero yo me cansaba muy rápido. Más tarde descubrimos que era por la anemia. Iba al colegio con mis compañeros y hacía una vida normal", recuerda. "Me acuerdo de que tenía que desayunar dos veces porque normalmente vomitaba la primera comida. También recuerdo ir al hospital para hacerme análisis de sangre y tener que sentarme junto a una ventana porque me mareaba. Y los médicos siempre fueron muy amables".
Sin embargo, nada lo preparó para la noticia que recibió a principios de 2009, cuando tenía 27 años. "Empecé a encontrarme mal, me hicieron varias pruebas y los resultados no fueron buenos. Dos o tres meses después, el riñón dejó de funcionar".
La noticia fue un golpe muy duro. Peio recuerda la rabia que sintió al pensar que tendría que volver a la diálisis y enfrentarse a otro trasplante. Ya había pasado por mucho y la idea de empezar de nuevo resultaba abrumadora. "Llegué incluso a plantearme no someterme a otro trasplante y dejar que ocurriera lo que tuviera que ocurrir".
Comenzó entonces un periodo de hemodiálisis, un tratamiento que sustituye parte de las funciones de los riñones cuando estos dejan de funcionar mediante una máquina que filtra y limpia la sangre. Las sesiones le provocaban fuertes dolores de cabeza. "Después de cada sesión solo quería llegar a casa, apagar las luces y dormir"
El regalo de una madre y un nuevo comienzo
Entonces su madre se ofreció para ser donante viva.
"Durante los dos primeros trasplantes nunca pensé demasiado en los donantes. No sabía quiénes eran ni todo lo que estaban haciendo por mí. Pero este último trasplante, el de mi madre... saber que llevo una parte de ella dentro de mí es algo muy importante y que siempre me acompaña".
Y gracias a sus padres, la enfermedad renal nunca ha definido la vida de Peio. Haber crecido con esa sensación de normalidad le ayudó a comprender que la enfermedad formaba parte de su vida, pero no era lo único que la definía.
“Estoy agradecido por mi vida. Durante mucho tiempo pensé que no podría practicar deportes exigentes, pero he completado dos medias maratones en Bilbao y todavía hoy sigo superando mis propios límites.”
Peio
Los “milagros” en movimiento
Con el paso de los años, el deporte se convirtió en una forma de ponerse a prueba y descubrir de qué era capaz su cuerpo. Primero llegaron las carreras de 10 kilómetros y una media maratón. Más tarde, animado por su padre, empezó a practicar ciclismo.
Cada fin de semana sale a la carretera con sus amigos y recorre parte de los 15.000 kilómetros que acumula cada año, encarando cada recorrido igual que encara la vida: adaptándose a las circunstancias y avanzando, incluso cuando el camino por delante es incierto.
Peio nunca ha permitido que la enfermedad marque su vida. En lugar de ello, ha elegido centrarse en el progreso y la resiliencia.
"Hoy estoy enormemente agradecido al sistema de donación, a mi equipo médico, a los tratamientos y a los controles médicos. Estoy agradecido por mi vida. Durante mucho tiempo pensé que no podría practicar deportes exigentes, pero he completado dos medias maratones en Bilbao y todavía hoy sigo superando mis propios límites."
Para Peio, los milagros de la ciencia no son algo abstracto. Son la posibilidad de trabajar de lunes a viernes, salir en bicicleta con amigos los fines de semana, recuperarse de los obstáculos y seguir haciendo planes de futuro.
Para las personas que viven con enfermedad renal crónica, la historia de Peio demuestra que un diagnóstico puede cambiar el rumbo del camino, pero no tiene por qué borrar la ilusión, las aspiraciones ni los vínculos que dan sentido a la vida.
Con el apoyo de su familia, la atención médica y la determinación de seguir adelante, Peio continúa su camino, un día tras otro..
La experiencia de cada persona es única y puede variar de la de otras personas. Recuerda que tu profesional sanitario es la mejor fuente de información sobre tu salud y no dudes en consultarle cualquier duda que puedas tener. Las personas que aparecen en este contenido recibieron una compensación por su participación.
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